eran tres alpinos que venían de la guerra...
amigas hace catorce años. Así empezó la historia; en un pequeño colegio donde comprometimos nuestras ganas y sueños en un proyecto de criar a nuestros hijos en un mundo diverso y tolerante, donde tenían cabida los genios y a los que le costaba, donde entre todos actuábamos, cantábamos, donde hicimos grandes amistades que hasta hoy perduran, ahí nos conocimos. claro que nuestros retoños eran también muy amigos, los martes era el día de su junta y la nuestra, ellos saltaban en las camas, nosotras tomábamos café.
pasó el tiempo, se acabó aquel colegio que intentamos tanto salvar, tomamos rumbos diversos, pero nos encargamos de reencontrarnos, de apoyarnos en los duros momentos que trajo el fracaso del proyecto escolar, salimos de alguna manera al mundo real, donde tienen cabida muchas veces sólo los adecuados, que no dan problemas, que no exigen dedicación.
y seguimos juntas, teniendo en común al principio tantas cosas y que se fueron desgranando como un choclo, nos reinventamos todas, una partió a vivir al extranjero, otra se separó y la otra empezó a buscar su propio camino.
y el año pasado, cuando me embarqué en un proyecto sola, una de ellas se sumó, la otra no podía, si no, hubiera estado feliz. y nos jugamos todo, trabajamos duramente, tampoco fue sustentable en el tiempo, pero la instancia de sacarnos la caparazón, de reirnos mucho en lo cotidiano, de andar para arriba y para abajo nos sirvió para conocernos harto más que en el tiempo de crianza. fue creer en los sueños de la otra, de apoyar sin decirlo siquiera, de compartir texturas, colores, estilos, resultó una mezcla única de dos personas tan distintas en la cáscara y que marcó tendencia en algún momento del año. tuvimos el minuto de gloria.
y hoy, en el lugar de siempre, fue como antes y como hoy, con la vida sobre la mesa, con las manos abiertas para acompañarnos, con nuestras historias, dolores y goces expuestos, sin miedos, con risas, con puesta al día, confiando en lo que cada una elige. memorable. gracias.
pasó el tiempo, se acabó aquel colegio que intentamos tanto salvar, tomamos rumbos diversos, pero nos encargamos de reencontrarnos, de apoyarnos en los duros momentos que trajo el fracaso del proyecto escolar, salimos de alguna manera al mundo real, donde tienen cabida muchas veces sólo los adecuados, que no dan problemas, que no exigen dedicación.
y seguimos juntas, teniendo en común al principio tantas cosas y que se fueron desgranando como un choclo, nos reinventamos todas, una partió a vivir al extranjero, otra se separó y la otra empezó a buscar su propio camino.
y el año pasado, cuando me embarqué en un proyecto sola, una de ellas se sumó, la otra no podía, si no, hubiera estado feliz. y nos jugamos todo, trabajamos duramente, tampoco fue sustentable en el tiempo, pero la instancia de sacarnos la caparazón, de reirnos mucho en lo cotidiano, de andar para arriba y para abajo nos sirvió para conocernos harto más que en el tiempo de crianza. fue creer en los sueños de la otra, de apoyar sin decirlo siquiera, de compartir texturas, colores, estilos, resultó una mezcla única de dos personas tan distintas en la cáscara y que marcó tendencia en algún momento del año. tuvimos el minuto de gloria.
y hoy, en el lugar de siempre, fue como antes y como hoy, con la vida sobre la mesa, con las manos abiertas para acompañarnos, con nuestras historias, dolores y goces expuestos, sin miedos, con risas, con puesta al día, confiando en lo que cada una elige. memorable. gracias.
